Para aquellos que no saben de qué va este post, comentar que no me he hecho espía, policía secreta del KGB para ir a buscar información sobre los "malos". No, en este caso la "mala" (o al menos rota) soy yo y me he infiltrado a mí misma. También podría decirse que me he autodonado sangre y es que soy tan egoísta que no quiero ni que me quiten la sangre y me he vuelto a meter lo que he podido recuperar... me explico, sino, creo que voy a volveros locos.
Ayer, día 2 de octubre del 2008, di un paso muy importante en mi vida (realmente, fue mi último paso en un tiempo). Decidí arruinar a mi familia y pasar por "quirófano" (no creo que pueda llamarse exactamente así) para hacerme unas infiltraciones de rodilla de factor de crecimiento. La broma consiste en perder toda una tarde en la consulta del trauma primero te hace un reconocimiento y una vez que sabe cuales son tus rodillas, te ponen a esperar para pasar a una sala en la que te sacan sangre. A mí, en concreto, por ser una chica joven, sana, guapa y alegre, sólo 4 tubos, a los que no reúnen estas cualidades les sacan más por tener la sangre peor.
Después de la sangría te mandan a merendar una hora más o menos, la verdad es que prefiero ir a donar sangre a la facultad porque allí te daban ellos la merienda, no como aquí que el bollo de crema me tocó pagarlo (bueno a mi madre, que todo lo tengo que explicar).
Pues bien, ya con la tripa llena vuelves a la consulta y te tienen esperando otro rato (estoy pensando en si la carrera de medicina tiene alguna asignatura que les indique cuánto debe esperar un paciente para ser atendido según la especialidad en la que se encuentre, porque los traumas… ganan a todos, hasta a los dentistas). Pues eso, allí esperando te das cuenta que en los cristales se pueden observar aun la decoración de navidad que se hizo con la nieve esa rara, que el que alicató el baño no tenia ni idea de hacer encajar dibujos, etc.
Una vez estudiados todos los desperfectos de la sala de espera y sus zonas anejas, por fin te dan paso hacia el último movimiento de tus piernas en un laaaaaaaaaargo tiempo. Entras y lo primero que te encuentras es que de tus 4 botes de sangre, sólo queda uno y encima ya no es rojo… rojo sangre,vamos, sino un color…. amarillo…un amarillo bastante feo. Según ellos es porque la han centrifugao. De este hecho saco yo dos conclusiones:
- La sangre destiñe, por eso tenemos la piel que nos protege de la lluvia.
- La sangre está compuesta por un 80 o 90% de lana virgen, sino, no entiendo como se puede quedar en tan poca cosa.
Bueno, como me parece de mal gusto para aquellos que sois aprensivos describir aquí la “delicada” operación (la próxima vez meto la sangre en mi lavadora y me ahorro el dinero), sólo voy a comentar un par de detalles. El primero es que lo primero que hace el médico una vez que te han puesto de betadine hasta las orejas es pincharte la anestesia, en concreto, dos botes (uno por rodilla) y acto seguido te vuelven a meter “tu sangre” (a saber que era eso) entre el tendón y la rótula. Para que este segundo proceso, no duela, la anestesia hay que pincharla por toooooodos lados moviendo la aguja para cualquier lado, hasta que las lágrimas no saltan no se puede dejar de mover la aguja en la rodilla y claro después del movimiento que tiene eso, como no deja tiempo a que haga efecto… pos el segundo pinchazo que también se tiene que hacer para todos los lados pues… también duele.
Conclusión: ¿Pa qué me pones anestesia? Ahorras en gastos y yo en dolor!! (...y es que del daño que me hizo se me cortó el cuerpo y poco más y le echo el bollo al tio al levantarme de la camilla).
En la defensa del médico diré que la segunda rodilla si dio tiempo a que la anestesia hiciese efecto y no dolió en absoluto, pero la otra… me sigue matando hasta mirarla.
Por lo demás, en casita de mi abuela (tiene menos escalones) siendo mimada por todos (mi abuela y mi madre, digo), sin poder moverme ni pa ir al servicio pero bueno quizás merezca la pena y pueda volver a correr, a saltar y a tomar sopas de sobre en las rutas…
